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Una Granja Orgánica

Nuestra finca ocupa 1500 hectáreas en lo alto de la Serranía de Ronda, en Andalucía; un terreno ondulado que va desde riscos rocosos y viejos robles hasta olivares y almendros, pasando por verdes valles salpicados de plantaciones, huertas ecológicas y viñedos. Tenemos ovejas y cabras, razas de ganado raras y en peligro de extinción como la vaca pajuna, gallinas y abejas, criamos caballos lusitanos y nos ayudamos con un equipo de caballos de tiro alemanes, mulas y burros para trabajar la tierra.

Nuestro enfoque de la agricultura es abierto y experimental; una mezcla de tradición e innovación, pero basada en principios de diseño de permacultura. Los mismos principios forman la base de todo lo que hacemos en La Donaira, desde la educación ecológica y el diseño de interiores hasta los festivales de arte colaborativo. Y el ir y venir de voluntarios, expertos e invitados de todos los ámbitos de la vida trae ideas frescas, una especie de policultura filosófica que siembra nuevas ideas brillantes sobre mejores formas de hacer las cosas en todas las áreas de la vida.

“Todos los problemas del mundo se pueden resolver en un jardín”.
Geoff Lawton

El proyecto moderno en sus ambiciones prometeicas y sus métodos cartesianos, en general, ha resultado mal. Estamos en una crisis social, una crisis económica y una crisis espiritual.

La comida moderna juega un papel central en el réquiem de la vida: a diferencia del razonamiento intuitivo de la mayoría de las personas sobre aviones, automóviles y centrales eléctricas, es un hecho que más del 30% de todos los gases de efecto invernadero son emitidos por la agricultura petroquímica y las granjas industriales. En el transcurso de este devastador proceso de producción de alimentos estamos envenenando nuestro suelo, nuestra agua, nuestro aire y a nosotros mismos. Todos los días, cientos de miles de toneladas de pesticidas, herbicidas, hormonas, antibióticos, fertilizantes químicos y gases de efecto invernadero se eructan, se tiran pedos y se vierten en la biosfera. Libramos una guerra silenciosa contra la vida misma: un fracaso de diseño espectacular que, sin embargo, continúa prosperando y expandiéndose, respaldado por la legislación presionada por la industria y subsidiado con miles de millones en fondos públicos.